SAN PABLO DE LA CRUZ

Homilía del P. Luigi Vaninetti

3a. y última parte
S. Pablo de la Cruz, nuestro Padre y Fundador

3. ROMA (1741-1775)
Después de la fase de "verificación comunitaria y eclesial" está el tiempo de la fecundidad, de la expansión de la Congregación, de la fuerza de la misión.  En efecto, después de la difícil fundación del primer retiro en el Argentario, se continua, en pocos decenios, con la fundación de otros Retiros casi siempre como fruto de las Misiones y de la fuerza de la evangelización en medio al pueblo de Dios particularmente en la Marisma: S. Ángel de Vetralla, S. Eutizio, Ceccano, S. Sosio en Falvaterra, Paliano.  A la muerte del Fundador la Congregación contará con 176 Religiosos y 12 Retiros.

La Marisma era una zona de pobres y emigrantes, tierra insalubre abandonada de los nobles y ricos y, a veces, aún del clero.  Pablo de la Cruz la contempló con una mirada de predilección y de amor.  Es la misma mirada de Jesús que mira la multitud pobre, desorientada y cansada y por la que siente compasión, siente una pasión de amor, la misma pasión que el Padre vive por la humanidad queriéndola salvar.  Por esto envía a su Hijo, el Amado, "no para condenar el mundo, sino para salvar el mundo",  (Jn 3, 16).

La fuerza de nuestra misión es esta misma pasión por la humanidad que se revela en el compartir el celo misionero de Cristo y en la compasión por los hermanos.  Estamos aferrados por el misterio del amor salvífico de Cristo, pero no somos extraños a la historia y a la compañía de los hombres "conscientes de que la Pasión de Cristo continúa en este mundo hasta que Él vuelva en su gloria, compartimos las alegrías y las angustias de la humanidad que camina hacia el Padre" (Const. 3) y todavía más: "nuestra vocación nos apremia a alcanzar un profundo conocimiento de la Pasión de Cristo y de los hombres" (Const. 65).

El celo por las misiones y la pasión por la salvación de los hermanos en especial de aquellos que viven el infierno de la soledad, de la desesperacion y de la pobreza, son un aspecto fundamental de nuestra vocación y de nuestra misión en el mundo de ayer y de hoy.

S. Pablo de la Cruz, mientras nos bendice, nos done también la capacidad de acoger la riqueza y la belleza de su heredad y de hacerla la perla preciosa en nuestra vida personal y comunitaria. Amén.

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